Desde diversos sectores se ha dicho que los videojuegos convertían a los jugadores en personas aisladas, introvertidas y desinteresadas por todo aquello que ocurre a su alrededor.
Actualmente estamos en condiciones de asegurar que jugar a videojuegos no modifica nuestra personalidad, ni tampoco es cierto que - y esto es más importante - los aficionados a los videojuegos sean un grupo de personas diferentes de los no jugadores en cuanto a personalidad (vamos, que no somos "raritos" ni nada por el estilo por el simple hecho de jugar a videojuegos).
Jugar a videojuegos no supone variaciones en el carácter, ni tampoco los jugadores constituyen un grupo sustancialmente distinto respecto de los no jugadores. El único rasgo de personalidad en el que los jugadores de videojuegos muestran diferencias es en el de la extroversión, presentando un mayor nivel de extroversión respecto de los no jugadores. (Los videojuegos. Juicios y prejuicios. Estallo, J.A. 1995). Existe una relación entre videojuegos y autoestima, el jugar a videojuegos puede mejorar la imagen que se tiene de uno mismo y aumentar la autoestima. Este hecho esta relacionado con la sensación de control que se logra al dominar un videojuego y con el estatus que se logra ante el grupo de jugadores cuando se demuestra ser habilidoso ante los iguales.
Por otro lado el uso frecuente de los videojuegos también favorece el aprendizaje de un lenguaje específico, recogiendo aquí simbologías, tecnicismos, técnicas y trucos. No hay que olvidar que tanto el "saber de videojuegos" como el "ser muy bueno en un determinado videojuego" hace que seamos valorados y respetados por nuestros compañeros jugones (nuestros iguales) lo que favorece que nuestra autoestima esté por las nubes. (Las claves del éxito. Marqués, P. 2000)
sábado, 24 de enero de 2009
Personalidad: Seguimos siendo los mismos, gente normal.
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